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2026/01/16

Agentes Infecciosos Acelulares (Nora A y Ainara B)

Los agentes acelulares son entidades entre lo vivo y lo inerte, incapaces de realizar funciones vitales sin infectar células. Incluyen virus, viroides y priones. Los virus poseen ADN o ARN protegido por cápsida y, a veces, envoltura, replicándose de forma lítica o lisogénica. Destacando un tipo de virus, los retrovirus integran su ARN al genoma huésped. Los viroides son pequeños ARN circulares que infectan plantas, carecen de cápsida y dependen de la maquinaria celular para replicarse. Los priones son proteínas mal plegadas que inducen conformaciones patológicas en otras proteínas, causando enfermedades neurodegenerativas. Su estudio es esencial en biomedicina y biotecnología.

En biología, normalmente se estudia a los seres vivos teniendo en cuenta que la célula es la unidad básica de la vida. Sin embargo, hay algunos seres que no cumplen esta norma, ya que no están formados por células y no pueden realizar las tres funciones vitales. Por este motivo, para poder realizarlas, necesitan “ayudarse” de otros seres vivos, concretamente de las células a las que infectan para sobrevivir y reproducirse. A estos se les llama agentes acelulares y se dice que están entre lo vivo y lo inerte. Dependiendo de su estructura y de cómo infectan a las células, los agentes acelulares se pueden clasificar en distintos tipos. Nosotras presentamos los tres tipos más comunes: virus, viroides y priones.

Los VIRUS son los más conocidos y estudiados. Son estructuras microscópicas muy simples que carecen de metabolismo propio. Cuando se encuentran fuera de la célula, permanecen inactivos y reciben el nombre de viriones; solo al penetrar en una célula susceptible se activan y comienzan a replicarse. Su tamaño, que varía entre 10 y 300 nm, es inferior al de las bacterias, por lo que solo pueden observarse mediante microscopio electrónico.

Todos los virus presentan una estructura básica: su material genético, ADN o ARN, contiene pocos genes con la información necesaria para fabricar nuevas partículas virales. Este genoma está protegido por una cápsida proteica, cuya función es resguardar el ácido nucleico y ayudar al virus a reconocer la célula que va a infectar. El conjunto del genoma y la cápsida se llama nucleocápside. La cápsida puede adoptar distintas formas según cómo se organicen sus proteínas, siendo las más frecuentes la helicoidal, la icosaédrica y la compleja, como ocurre en los bacteriófagos. Algunos virus presentan además una envoltura externa tomada de la membrana de la célula huésped, en la que se insertan proteínas que determinan qué tipo de células pueden infectar.
Según el organismo que infectan, los virus se clasifican en fitófagos, que atacan plantas; zoófagos, que infectan animales; y bacteriófagos, que infectan bacterias. Su ciclo puede ser lítico, en el que producen nuevas partículas y destruyen la célula, o lisogénico, en el que el genoma viral se integra en el de la célula huésped y permanece inactivo durante un tiempo. Un grupo especial son los retrovirus, cuyo material genético es ARN y poseen la enzima transcriptasa inversa, que les permite sintetizar ADN a partir de su ARN e incorporarlo al genoma del huésped. Esto les da la capacidad de persistir en el organismo y, en algunos casos, causar enfermedades graves como el VIH, aunque la misma característica también se aprovecha en investigación científica y terapia génica.

Los VIROIDES son los agentes infecciosos más simples que se conocen. Son más sencillos que los virus, ya que no tienen cápsida ni producen proteínas. Están formados por una pequeña molécula de ARN circular que no codifica proteínas ni transcribe ADN. Atacan exclusivamente a las células vegetales, causando enfermedades que afectan al crecimiento y calidad de cultivos, provocando pérdidas económicas para las agricultoras.

La estructura primaria de estos agentes es una única cadena de ribonucleótidos (sin cadena complementaria), que suele contener entre 250 y 400 nucleótidos. Su estructura secundaria se forma al plegarse el ARN por la complementariedad de bases, creando tallos, y en las regiones donde las bases no se unen, bucles. Dentro de la estructura secundaria destacan las regiones conservadas, que son fragmentos del ARN cuya secuencia se mantiene prácticamente igual entre distintos viroides de una misma familia, que son fundamentales para la replicación. Estas estructuras, junto con otras características, permiten clasificar a los viroides en las familias Pospiviroidae y Avsunviroidae.   

El primer grupo, Pospiviroidae, se caracteriza por replicarse en el núcleo de la célula vegetal. Presentan una estructura secundaria en forma de varilla con pequeños bucles. Estos viroides no contienen ribozimas (moléculas de ARN con actividad catalítica, es decir, "enzimas de ARN”) y dependen completamente de las enzimas del huésped para copiar su ARN. Un ejemplo de esta familia es el viroide del tubérculo fusiforme de la patata (PSTVd).

El segundo grupo, Avsunviroidae, se replica en los cloroplastos de las células vegetales y tiene una estructura secundaria más ramificada. A diferencia de los anteriores, estos contienen ribozimas de cabeza de martillo, que les permiten cortar su propio ARN durante el proceso de replicación sin necesidad de enzimas externas. Un ejemplo de esta familia es el viroide del manchado solar del aguacate (ASBVd).


Los PRIONES (Proteinaceous Infection Particle) son proteínas mal plegadas, con capacidad para contagiar la conformación espacial errónea a otras proteínas.Son estructuras que no contienen ni ADN ni ARN, sino que están formadas solamente por aminoácidos. Esto las hace resistentes a tratamientos inactivantes de ácidos nucleicos. Aunque se han hecho avances en los últimos años, aún queda mucho por investigar sobre este tipo de agentes infecciosos y muchos de sus mecanismos de acción y propagación no están completamente entendidos.

Uno de los ejemplos más estudiados es la glucoproteína PrPᶜ (proteína priónica celular), que no es un prión a pesar de su nombre. Su función fisiológica exacta no se conoce, pero se relaciona con procesos como el crecimiento neuronal, la plasticidad sináptica y la memoria. Su estructura secundaria es rica en hélices α, pero cuando esta no se pliega correctamente y forma láminas β, se forma su prión: PrPˢᶜ (Prion Protein Scrapie). Esta versión “maligna” de la proteína es capaz de transmitir su malformación a otras PrPˢ y alterar su funcionamiento causando enfermedades graves en animales y personas, que por su capacidad para autopropagarse las hace heredables.

Entre las más conocidas está la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) en humanos, que causa el deterioro progresivo de la memoria y la capacidad cognitiva, problemas de coordinación y cambios conductuales. La enfermedad avanza rápidamente, causando pérdida de funciones neurológicas y, finalmente, la muerte.


En conclusión, el estudio de estos patógenos demuestra que, a pesar de tener una estructura más simple que los organismos pluricelulares, pueden causar un gran impacto en nuestro ecosistema y en la salud de los seres vivos. Por ello, es fundamental continuar investigando estos agentes, ya que entenderlos nos ayuda a prevenir enfermedades y a aprovechar su estudio en la ciencia y la biotecnología.

REFERENCIAS:

El uso correcto de los antibióticos

Los antibióticos han supuesto uno de los avances más importantes de la medicina moderna, ya que permiten combatir infecciones causadas por bacterias y han salvado millones de vidas desde su descubrimiento. Sin embargo, su eficacia depende en gran medida de un uso correcto y responsable. Conocer cómo actúan, cuándo deben utilizarse y por qué no son efectivos frente a los virus es fundamental para evitar errores comunes. El mal uso de estos medicamentos puede generar graves consecuencias, como la resistencia bacteriana, un problema de salud pública que afecta a toda la sociedad. Y en este blog hablaremos sobre todas esas cuestiones tan importantes.

Los antibióticos son medicamentos que sirven para evitar y curar daños causados por culpa de bacterias. Su “tarea” esencial es quitar las bacterias o evitar que crezcan, apoyando así al sistema inmunitario para frenar las dolencias. 

Los antibióticos hacen su trabajo de modos distintos según la clase que sean. Algunos deshacen la pared de las bacterias, lo que causa la muerte de la bacteria; otros frenan la creación de proteínas o cambian acciones básicas como la copia del ADN. Debido a estas formas de actuar, las bacterias no logran seguir viviendo ni tener más copias. 

Hay que saber la diferencia entre bacterias y virus. Las bacterias son seres vivos de una sola célula que logran vivir y copiarse solas, mientras que los virus requieren adentrarse en células para así poder multiplicarse. Por este motivo, los antibióticos no valen contra los virus, como los que hacen que tengamos gripe o un catarro normal. 

El mayor descubrimiento de los antibióticos arrancó en 1928, cuando Alexander Fleming descubrió la penicilina, la cual es capaz de actuar sobre la pared celular bacteriana, suponiendo así, un gran paso adelante en la medicina de hoy en día, salvando millones de vidas desde su descubrimiento.

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El uso de antibióticos debe de estar siempre supervisado por una persona cualificada y requiere una prescripción médica obligatoria para acceder a ellos. Esto quiere decir que únicamente un médico te puede dotar un antibiótico, para que lo tomes, en qué dosis, cuántas horas debes de esperar para volver a tomar y cuánto tiempo tienes que prolongar en el tiempo el antibiótico, tras verificar que la infección es bacteriana y que el fármaco es el correcto. 

Es fundamental respetar estrictamente la dosis, los horarios y la duración señalados en la receta. Aunque los síntomas mejoren antes de completar el tratamiento, no debe interrumpirse antes del tiempo indicado, ya que suspenderlo prematuramente puede permitir que algunas bacterias sobrevivan y se vuelvan resistentes al antibiótico. 

Además, no se deben reutilizar antibióticos sobrantes de tratamientos anteriores ni compartirlos con otras personas, ya que podrían no ser efectivos para la infección actual o resultar perjudiciales para los demás. 

El uso inadecuado como automedicarse, tomar dosis incorrectas o utilizar antibióticos para infecciones virales no solo no cura la enfermedad, sino que también favorece la aparición de bacterias resistentes, un problema grave de salud pública. 

El mal uso de los antibióticos es un problema frecuente que tiene importantes consecuencias para la salud individual y colectiva. Una de las prácticas más comunes es la automedicación, cuando las personas toman antibióticos sin receta médica, utilizando medicina sobrante de tratamientos anteriores o consejos de terceras personas. Esto puede provocar que el antibiótico no sea el adecuado para la infección. Además, muchos antibióticos se usan innecesariamente para tratar infecciones víricas, como la gripe o el resfriado, frente a las cuales no tienen efecto alguno, ya que solo actúan contra bacterias.

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Otro problema importante es el abandono del tratamiento antes de que este acabe. Cuando el paciente deja de tomar el antibiótico antes del tiempo indicado, algunas bacterias pueden sobrevivir y volverse incluso más resistentes aún. A esto se suman los efectos secundarios, como reacciones alérgicas, trastornos digestivos o daños en la microbiota intestinal, que pueden afectar a la salud a largo plazo.

La resistencia a los antibióticos ocurre cuando las bacterias desarrollan la capacidad de sobrevivir a los medicamentos los cuales están diseñados para eliminarlas. Este fenómeno se produce de forma natural, pero se acelera rápidamente debido al uso excesivo e incorrecto de antibióticos en humanos. Cuando las bacterias se exponen repetidamente a estos fármacos, las más fuertes sobreviven y se multiplican, transmitiendo su resistencia.

El desarrollo de bacterias resistentes tiene graves consecuencias para la salud. Infecciones que antes eran fáciles de tratar pueden volverse peligrosas, aumentando la duración de las enfermedades, las hospitalizaciones y la mortalidad incluso. 

La resistencia bacteriana es una amenaza a largo plazo porque reduce las opciones terapéuticas disponibles y pone en riesgo avances médicos como cirugías, trasplantes o tratamientos contra el cáncer, que dependen de antibióticos eficaces. Por ello, se considera un problema global que requiere la colaboración de gobiernos, profesionales sanitarios y ciudadanía para frenar su avance y proteger la salud 

La prevención del mal uso de los antibióticos es una responsabilidad compartida entre pacientes, profesionales sanitarios y la sociedad en general. El paciente debe seguir siempre las indicaciones médicas, no automedicarse y completar el tratamiento prescrito, aunque los síntomas desaparezcan. Por su parte, los profesionales sanitarios tienen el deber de recetar antibióticos solo cuando sean realmente necesarios y de informar adecuadamente sobre su uso correcto.

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La educación y concienciación son claves para que la población comprenda los riesgos de la resistencia bacteriana y la importancia de un uso responsable. Además, las medidas de prevención, como una buena higiene, el lavado de manos y la vacunación, ayudan a reducir la aparición de infecciones y, por tanto, la necesidad de antibióticos. Actuar de forma responsable hoy es esencial para garantizar tratamientos eficaces en el futuro.


Bibliografía:

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Ciencia UNAM. (s. f.). Resistencia antimicrobiana, un desafío de salud pública. Universidad Nacional Autónoma de México. https://ciencia.unam.mx  [foto3]

Comunidad de Madrid. (s. f.). Uso prudente de los antibióticos. https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/uso-prudente-antibioticos 

Invdes.com.mx. (2018). Alerta la OMS sobre superbacterias mortales ante el excesivo consumo de antibióticos. https://invdes.com.mx/politica-cyt-i/alerta-la-oms-sobre-superbacterias-mortales-ante-el-excesivo-consumo-de-antibioticos/ [foto2]

La Vanguardia. (2019, 4 de julio). Conoce la penicilina, el descubrimiento que revolucionó la medicina. https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20190704/463278770877/penicilina-descubrimiento-revoluciono-medicina.html  [foto1]

Organización Mundial de la Salud. (s. f.). Resistencia a los antibióticos. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/antibiotic-resistance 

Organización Mundial de la Salud. (2025, 13 de octubre). La OMS advierte sobre la resistencia generalizada a los antibióticos comunes en todo el mundo. https://www.who.int/es/news/item/13-10-2025-who-warns-of-widespread-resistance-to-common-antibiotics-worldwide 

Sanitas. (s. f.). ¿Qué son los antibióticos? https://www.sanitas.es/biblioteca-de-salud/enfermedades-y-trastornos/infecciones/que-son-los-antibioticos 

Wikipedia. (s. f.). Alexander Fleming. https://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_Fleming 

Inmunoterapia frente al cáncer: células CAR-T

El cáncer es un conjunto de enfermedades en las que las células se multiplican de forma descontrolada, formando tumores o invadiendo tejidos sanos. Los tratamientos tradicionales, como la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia, han sido efectivos, pero pueden dañar células sanas y no siempre funcionan en todos los pacientes. En los últimos años ha surgido la inmunoterapia, un tratamiento que utiliza el sistema inmunitario del propio paciente para combatir el cáncer. Dentro de la inmunoterapia destaca la terapia con células CAR-T, una técnica innovadora y personalizada. Este tratamiento consiste en extraer linfocitos T del paciente, modificarlos genéticamente para que reconozcan células cancerosas y volver a introducirlos en el organismo. Las células CAR-T han mostrado resultados muy prometedores, especialmente en cánceres de la sangre como leucemias y linfomas. Aunque es un tratamiento muy eficaz, también presenta efectos secundarios importantes, un alto coste y una aplicación limitada. Aun así, su futuro es muy prometedor.


El cáncer es un conjunto de enfermedades caracterizadas por la proliferación celular descontrolada. En condiciones normales, las células del cuerpo se dividen de forma controlada, pero en el cáncer este proceso falla, lo que provoca la formación de tumores o la invasión de tejidos sanos. Tradicionalmente, el tratamiento del cáncer se ha basado en la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Aunque estas terapias han salvado muchas vidas, presentan importantes limitaciones, como la toxicidad sobre células sanas, la aparición de resistencias y la falta de especificidad frente a las células tumorales.


En los últimos años ha surgido un nuevo tratamiento: la inmunoterapia, que busca aprovechar el propio sistema inmunitario del paciente para combatir el cáncer. Dentro de este campo, una de las terapias más innovadoras y prometedoras es la basada en las células CAR-T. Esta técnica ha demostrado unos resultados muy positivos, especialmente en algunos cánceres de la sangre, y representa un gran avance en la oncología moderna.


La inmunoterapia es un tipo de tratamiento contra el cáncer que modifica el sistema inmunitario para que pueda reconocer y destruir las células tumorales de manera más eficaz. Además, tiene como función principal defender al organismo frente a infecciones y células anormales, incluidas las cancerosas. Sin embargo, las células tumorales pueden desarrollar mecanismos para pasar desapercibidas o bloquear la respuesta inmune.


Existen varios tipos de inmunoterapia utilizados actualmente en oncología. Entre ellos destacan los anticuerpos monoclonales, que son proteínas artificiales diseñadas para reconocer y marcar las células cancerosas; los inhibidores de puntos de control inmunitario, fármacos que bloquean estos mecanismos para intensificar la respuesta de los linfocitos T; y las vacunas terapéuticas, diseñadas para estimular una respuesta inmune específica frente al cáncer.


Otro tipo importante es la terapia celular adoptiva, que consiste en extraer células inmunitarias del paciente, modificarlas en el laboratorio y reintroducirlas en el organismo. Dentro de este grupo se encuentran las células CAR-T, que representan una de las formas más avanzadas y personalizadas de inmunoterapia contra el cáncer.


Para ello, se utilizan los linfocitos T, los cuales son un tipo de glóbulo blanco fundamental en la respuesta inmunitaria. Su función principal es reconocer y eliminar células infectadas o anormales. No obstante, en el cáncer, estos linfocitos a menudo no logran identificar correctamente a las células tumorales.


Cabe destacar que ,las células CAR-T (Chimeric Antigen Receptor, es decir, receptor quimérico de antígeno) son linfocitos T del propio paciente que han sido modificados genéticamente para reconocer de forma específica las células cancerosas. Este receptor artificial se introduce en los linfocitos T para que puedan detectar antígenos concretos presentes en la superficie de las células tumorales.


El receptor CAR está formado por dos componentes principales. El dominio de reconocimiento del antígeno que permite al linfocito T unirse directamente a la célula cancerosa y el dominio de activación el cual envía señales al interior del linfocito para que se active, se multiplique y destruya la célula tumoral.







Terapia con Células CAR-T: Una Revolución en la Lucha Contra el Cáncer. Cognita. 2023



El proceso de fabricación de las células CAR-T es complejo y altamente especializado. Primero, se extraen los linfocitos T de la sangre del paciente mediante un procedimiento llamado aféresis. Posteriormente, estas células se modifican genéticamente en el laboratorio para introducir el gen en las células que codifican el receptor CAR. A continuación, las células modificadas se multiplican hasta alcanzar un número suficiente. Finalmente, se introducen  en el paciente, donde comienzan a reconocer y atacar las células cancerosas con el objetivo de destruir las células dañinas para el organismo.







Terapia CAR-T. Tratamiento. Clínica Universidad de  Navarra


Estas terapias se consideran “personalizadas” porque se fabrican a partir de las propias células del paciente, lo que reduce el riesgo de rechazo y aumenta su eficacia.


Actualmente, las células CAR-T se utilizan principalmente en algunos tipos de cáncer hematológico, es decir, cánceres de la sangre. Entre ellos destacan ciertas leucemias, linfomas y el mieloma múltiple. En estos casos, los resultados han sido especialmente prometedores, incluso en pacientes que no habían respondido a otros tratamientos.


En varios estudios clínicos se han observado tasas de remisión muy elevadas, con pacientes que logran la desaparición completa de la enfermedad durante períodos prolongados. Debido a estos resultados, algunas terapias CAR-T ya han sido aprobadas y se utilizan en hospitales especializados. No obstante, su aplicación aún está limitada a centros con unidades de terapia celular avanzada, debido a la complejidad del tratamiento.


Entre las principales ventajas de la terapia CAR-T se encuentra su alta especificidad, ya que las células modificadas reconocen de forma precisa a las células tumorales. Otra ventaja es que al ser un tratamiento personalizado, se adapta a cada paciente. También ha demostrado ser muy eficaz en pacientes con cánceres resistentes a otros tratamientos.


Sin embargo, esta terapia presenta importantes limitaciones. Puede provocar efectos secundarios graves, como el síndrome de liberación de citocinas o la neurotoxicidad, que requieren un control médico estricto. Otro inconveniente es su elevado coste, lo que limita su acceso. Además, su eficacia en tumores es todavía reducida y el proceso de producción es largo y complejo.


Aún así, el futuro de la terapia CAR-T es muy prometedor. Actualmente se investiga cómo mejorar su seguridad y reducir los efectos secundarios. También se están desarrollando nuevas generaciones de CAR-T más eficaces y versátiles, así como estrategias para aplicarlas en tumores. Otro objetivo clave es abaratar los costes y simplificar la producción para que más pacientes puedan beneficiarse de ella. Además, se estudia su combinación con otros tratamientos, como la quimioterapia o los inhibidores de puntos de control inmunitario, para potenciar su eficacia.


La inmunoterapia ha supuesto una auténtica revolución en el tratamiento del cáncer. Dentro de este campo, las células CAR-T destacan como una de las estrategias más innovadoras y eficaces, especialmente en cánceres hematológicos. Aunque todavía presentan importantes retos, como su coste y sus efectos secundarios, su potencial  es indudable. Con los avances actuales, las células CAR-T podrían convertirse en una pieza clave de la oncología del futuro y mejorar significativamente la supervivencia y calidad de vida de muchos pacientes.


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Agentes Infecciosos Acelulares (Nora A y Ainara B)

Los agentes acelulares son entidades entre lo vivo y lo inerte, incapaces de realizar funciones vitales sin infectar células. Incluyen virus...