2026/01/16

Microbiota y salud

La microbiota humana no es un simple grupo de microorganismos que conviven con nosotros, sino que representa un sistema biológico complejo que tiene una gran influencia sobre el estado de salud y la aparición de enfermedades. Está compuesta por billones de bacterias, virus, hongos y protozoos que ocupan principalmente el aparato digestivo y desempeñan funciones vitales que van desde la síntesis de vitaminas esenciales y la digestión de fibras complejas, hasta la regulación del metabolismo y la modulación del sistema inmunitario. Investigaciones recientes de instituciones españolas importantes a nivel nacional, como el CSIC o el Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR), han desarrollado la idea de que el equilibrio de este ecosistema, conocido como eubiosis, es fundamental para prevenir enfermedades crónicas, mientras que su alteración o disbiosis se relaciona con trastornos metabólicos, inflamatorios y neurodegenerativos. En conclusión, entender que la microbiota es una pieza clave para la medicina del siglo XXI.


Para poder entender el alcance de este impacto, primero debemos definir la microbiota como el conjunto de microorganismos que residen en un entorno determinado, siendo el intestino grueso el órgano que alberga la mayor densidad y diversidad de estos seres. A menudo se utiliza el térnino microbioma para referirse no sólo a los microorganismos, sino a todo su ecosistema, incluyendo sus genes y las condiciones ambientales circundantes. Según la Sociedad Española de Microbiota, Probióticos y Prebióticos (SEMiPyP), esta comunidad actúa como un órgano metabólico adicional que se adquiere desde el nacimiento y se estabiliza en los primeros años de vida. 



Su relación con la salud es simbiótica, ya que nosotros les proporcionamos un hábitat y nutrientes, y ellos a cambio mantienen la integridad de la barrera intestinal, compiten contra patógenos y educan a nuestras células inmunitarias para que reaccionen adecuadamente ante amenazas reales sin atacar a los tejidos propios. Un desajuste en esta comunicación bidireccional no solo afecta a la digestión, sino que envía señales a todo el cuerpo, alterando procesos que pueden desembocar en estados de inflamación, la base de muchas enfermedades de hoy en día.


Uno de los campos donde la investigación española ha hecho hincapié es en la relación entre la microbiota y las enfermedades metabólicas, especialmente la obesidad y la diabetes tipo 2. Estudios hechos por centros como el CIBEROBN han demostrado que las personas con obesidad presentan una firma microbiana distinta, caracterizada por una menor diversidad y una mayor capacidad para extraer energía de la dieta a través de la fermentación. Esta microbiota alterada produce metabolitos que aumentan la permeabilidad intestinal, permitiendo el paso de fragmentos bacterianos como los liposacáridos (LPS) al torrente sanguíneo. Este fenómeno, conocido como endotoxemia metabólica, desencadena una respuesta inflamatoria crónica que interfiere con la señalización de la insulina en el hígado y el tejido adiposo. Por tanto, la gestión de la microbiota mediante intervenciones nutricionales no se ve solo como una ayuda para perder peso, sino como una solución para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir el riesgo cardiovascular.


Otro aspecto sorprendente y con gran importancia en la actualidad es el eje intestino-cerebro, una vía de comunicación bioquímica bidireccional que conecta el sistema nervioso central con el sistema digestivo. Investigadores de universidades como la de Valencia o la de Granada han explorado cómo la microbiota produce neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA, que influyen directamente en nuestro estado de ánimo, comportamiento y niveles de estrés. Las bacterias intestinales pueden enviar señales al cerebro a través del vago o mediante la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) que atraviesan la barrera hematoencefálica. Se ha observado que pacientes con depresión o trastornos de ansiedad presentan perfiles de microbiota muy distintos a los de pacientes sanos, lo que ha dado lugar al concepto de “psicobióticos”. Este enfoque sugiere que la regulación de las bacterias intestinales podría ser un complemento a los tratamientos psiquiátricos tradicionales, abriendo una puerta prometedora para abordar la salud mental desde una perspectiva de salud integral.



La relación entre la microbiota y el desarrollo del sistema inmunitario es quizás uno de los vínculos más críticos para la salud a largo plazo, especialmente en la prevención de enfermedades alérgicas y autoinmunes. Durante los primeros mil días de vida, el contacto de los microorganismos con el epitelio intestinal es el entrenamiento principal para que los linfocitos aprendan a distinguir entre antígenos seguros y peligrosos. Institutos como el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) han investigado cómo factores como el tipo de parto, la lactancia materna y el uso temprano de antibióticos condicionan esta maduración. Una colonización defectuosa o pobre puede llevar a un sistema inmune hiperreactivo que reacciona ante sustancias comunes, como el polen o ciertos alimentos, o que pierde la tolerancia hacia los propios tejidos, facilitando el desarrollo de asma, dermatitis atópica o incluso enfermedad celíaca. La presencia de cepas específicas, como los Bifidobacterium, es esencial en estas etapas tempranas para promover un ambiente antiinflamatorio que proteja al individuo durante toda su vida adulta.



Finalmente, es importante mencionar el papel protector de la microbiota frente al desarrollo de patologías oncológicas, especialmente el cáncer colorrectal, un área donde hospitales como el Clínic de Barcelona realizan estudios importantísimos. Una microbiota saludable produce, mediante la fermentación de la fibra, sustancias como el butirato, un ácido graso de cadena corta que sirve de combustible principal para las células del colon y que posee propiedades antiproliferativas y antiinflamatorias. Por el contrario, una dieta rica en grasas saturadas y carnes procesadas favorece el crecimiento de bacterias proteolíticas que generan compuestos genotóxicos capaces de dañar el ADN de las células intestinales. Además, la microbiota influye en la eficacia de la inmunoterapia contra el cáncer, ya que se ha descubierto que ciertos perfiles bacterianos optimizan la respuesta del sistema inmune del paciente para atacar los tumores. Esto significa que la microbiota no es solo un indicador de salud, sino un agente activo capaz de favorecer el resultado de tratamientos de enfermedades graves, lo que sitúa a la nutrición y al cuidado de nuestro interior como pilares fundamentales de la medicina preventiva actual.



Bibliografía:





2026/01/15

Relación entre hábitos de vida y cáncer

La evidencia científica demuestra que determinados hábitos de vida influyen en gran medida en el desarrollo de algunos cánceres. El tabaquismo sigue siendo hoy en día el principal factor evitable, el cual aumenta significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón y afecta incluso a personas no fumadoras expuestas al humo. Se ha encontrado también que el consumo de alcohol está vinculado con la aparición de ciertos cánceres. Asimismo, la obesidad favorece a alteraciones hormonales, las cuales pueden provocar la proliferación de la células, lo cual genera tumores. De igual manera, se ha demostrado recientemente, que la excesiva exposición a la luz solar, incrementa notoriamente el riesgo de cáncer de piel. Por todo ello, resulta imprescindible la adopción a estilos de vida saludables para prevenir un cáncer.


El cáncer es una enfermedad que surge cuando algunas células del cuerpo se multiplican descontroladamente y se extienden por otras partes del cuerpo. En 2025 se registraron 296.103 nuevos casos de cáncer, un 3,3% más que en 2024. Algunos de estos casos surgen por factores inmodificables, como son las mutaciones genéticas hereditarias o espontáneas.  Sin embargo, muchos cánceres están influenciados por hábitos de vida modificables que llevan las personas. Y es que un 40 % de los cánceres son provocados por la acción de agentes externos que actúan sobre el organismo, como puede ser el excesivo consumo de alcohol o tabaco. Este artículo analiza cómo determinados hábitos de vida influyen en el riesgo de desarrollar cáncer. 


El tabaquismo: 

En España se diagnostican anualmente más de 30.000 casos de cáncer de pulmón, y entre el 80-90% de estos nuevos diagnósticos se dan en fumadores o recientes ex-fumadores. Las personas adictas al tabaco tienen un riesgo de 10 a 20 veces mayor de desarrollar cáncer de pulmón que las personas no fumadoras. El riesgo aumenta cuanto más cigarrillos son fumados al día, más años se lleva fumando y antes se ha empezado a fumar. 


El riesgo de padecer cáncer procede del humo del tabaco, que está compuesto por unas 4000 sustancias diferentes, de las cuales 69 son consideradas tóxicas y cancerígenas. El riesgo de padecer cáncer también está presente en personas no fumadoras que inhalan el humo del tabaco, aunque en menor medida. De las 8 millones de personas que fallecen al año por causa del tabaco, alrededor de 1,3 millones son personas no fumadoras expuestas al humo ajeno. 

                                                                                           Tomado de ABC. (28-10-2015).

El alcohol: 

En 2018, se diagnosticaron en la Unión Europea aproximadamente 45.500 nuevos casos de cáncer de mama en mujeres atribuibles al alcohol, de las cuales 12.100 fallecieron. También se diagnosticaron 59.200 casos de cáncer colorrectal asociados al alcohol  en hombres, de los cuales murieron 28.200. 

Se ha demostrado que aproximadamente el 12% de todos los cánceres tienen una relación directa con el consumo de alcohol. El excesivo consumo de esta sustancia provoca especialmente cáncer de boca, esófago, garganta, hígado, mama e intestino grueso. 

El alcohol puede dañar al ADN, el cual controla el crecimiento y funcionamiento de las células. Si el ADN queda dañado, las células pueden empezar a multiplicarse de forma descontrolada, y por tanto, generar un tumor.  

Y es que, todos los tipos de bebidas alcohólicas son un factor de riesgo que aumentan las probabilidades de  padecer cáncer, tanto las cervezas y el vino, como los licores más fuertes. 



La obesidad:

Actualmente la aparición de 13 tipos de cáncer, entre los que destacan el cáncer de mama, el de colon y recto y el de hígado, están relacionados con el sobrepeso. 

A día de hoy, hay una línea de investigación abierta sobre la relación entre obesidad y cáncer, y aunque no esté totalmente claro, los motivos de esta relación apuntan a cambios en el entorno hormonal, a alteraciones metabólicas y al exceso de grasa en el abdomen. 

  • Cambios en el entorno hormonal: el exceso de grasa produce una inflamación crónica, la cual altera el funcionamiento del tejido adiposo, que provoca la liberación descontrolada de hormonas sexuales como estrógenos y andrógenos. El aumento de la concentración de estas hormonas en la sangre estimula el crecimiento anormal de células en órganos cercanos, pudiendo convertirse en malignas. 

  • Alteraciones metabólicas: el sobrepeso suele estar asociado al síndrome metabólico, el cual implica altas concentraciones de colesterol y gran resistencia frente a la insulina. El cuerpo, al no poder usar bien la glucosa, produce más insulina y estos altos niveles de insulínicos favorecen al crecimiento tumoral. 

  • Exceso de grasa abdominal: la grasa acumulada en el abdomen puede infiltrarse a órganos cercanos, como es el hígado, aumentando así el riesgo de desarrollar cáncer. 


La exposición solar:

La exposición excesiva a la radiación ultravioleta (UV) del sol es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de cáncer de piel. Más del 90 % de los cánceres de piel están relacionados con una exposición solar prolongada sin protección. La radiación UV puede dañar el ADN de las células de la piel y provocar mutaciones que favorecen el crecimiento celular descontrolado y la formación de tumores malignos.

El riesgo aumenta especialmente en personas con piel clara, antecedentes familiares de cáncer de piel o que han sufrido quemaduras solares frecuentes, sobre todo durante la infancia y adolescencia. Las quemaduras solares intensas duplican el riesgo de desarrollar melanoma, el tipo de cáncer de piel más agresivo. Además, la exposición acumulada a lo largo de los años incrementa la probabilidad de padecer otros tipos de cáncer cutáneo.

Por otro lado, el uso de cabinas de bronceado artificial también aumenta el riesgo de cáncer de piel, ya que emiten radiación UV en altas concentraciones. La prevención se basa en evitar la exposición en horas de máxima radiación, usar protector solar y ropa adecuada.

                        Tomado de Quemaduras Solares, por Dra. Rebeca Ordovás. (11-07-2023). 

Muchos cánceres pueden prevenirse modificando hábitos de vida. Evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable y protegerse del sol son medidas fundamentales para reducir el riesgo de desarrollar cáncer y tener una mejor salud general.


Referencias: 

Dieta equilibrada, déficits y excesos. (Glucidos, lípidos y proteínas)

Para mantener una buena salud es necesario equilibrar la dieta, aportando proporcionalmente todas las biomoléculas necesarias. Por un lado, es bueno ingerir glúcidos y lípidos para dotar al individuo de la energía necesaria para vivir. Por otro lado, las proteínas son necesarias para funciones más estructurales y de defensa. Además, es importante tener en cuenta como son el tipo de biomoléculas que ingerimos, un ejemplo muy claro es el caso de los lípidos, ya que no tienen el mismo impacto las grasas insaturadas que las saturadas, siento estas nocivas para el cuerpo. Es importante equilibrar la dieta para no caer en el déficit calórico (falta de nutrientes) o el exceso de nutrientes, ya que ambos estados pueden ser nocivos si se permanece demasiado tiempo, porque pueden causar problemas nutricionales o relacionados con el peso.
Dieta equilibrada:
En una dieta equilibrada se toman alimentos variados de manera proporcionada que se adecuan al mantenimiento de una buena salud. Las dietas óptimas cuentan con alimentos de estos cuatro grupos.
  1. El grupo de la leche (lácteos), cuenta con presencia de proteínas como la caseína, además de minerales(Ca y P) y vitaminas(A y B). 
  2. El grupo de la carne y pescado, aportan proteínas, lípidos, minerales (Fe, P y Mg) y vitamina B. 
  3. El grupo de las verduras y frutas, aportan vitaminas hidrosolubles, carotenoides y minerales (Fe, Ca y Mg).
  4. El grupo de pan y cereales, aporta minerales (Fe, Zn, Ca y Mg) vitamina B e hidratos de carbono. Para garantizar una alimentación adecuada es esencial nutrirse de alimentos ricos en biomoléculas inorgánicas (agua y sales minerales) y orgánicas ( vitaminas, grasas, glúcidos y proteínas).

Imagen tomada de "Como debe ser la pirámide de alimentos." 
por Dr Ryan Cevola (20-1-2024)
Vitaminas:
Existen una serie de vitaminas y minerales esenciales, los cuales su carencia da lugar a déficits. 
  1. Vitamina D. Crucial para que el organismo absorba calcio, refuerza los huesos. Aparte de en el sol, se encuentra en el salmón y los huevos.
  2. Hierro. Esencial para no sufrir anemia y cansancio. Se encuentra principalmente en carne, yemas de huevo y pescados pequeños.
  3. Yodo. Yodo ayuda a la síntesis de las hormonas tiroideas y evita nódulos en las tiroides. Se encuentra en pescados, mariscos y algas.
Grasas:
Las grasas son importantes en la nutrición, estas proporcionan una gran cantidad de energía, 9 kcal por gramo. Consumir grasas insaturadas (pescados, aceites, etc.) Es ideal, ya que son más saludables contribuyendo a la absorción de vitaminas liposolubles y síntesis de hormonas. Por ello, es mejor limitar la ingesta de grasas saturadas(lácteos, carne...) al 10%.
Las grasas se clasifican según su saturación.
  1. Grasas monoinsaturadas (MUFA): Deberían constituir un 15-20% de la energía diaria, un ejemplo es el aceite de oliva.
  2. Grasas poliinsaturadas (PUFA): Deberían constituir un 5-10% de la energía diaria, un ejemplo es el pescado azul.
  3. Grasas saturadas (SFA): Deberían constituir menos del 7% de energía diaria, un ejemplo es la mantequilla, su ingesta tiene que ser precavida.
  4. Grasas trans (TFA): No deberían formar parte de la dieta (<1%), un ejemplo es la bollería industrial, es mejor prescindir de ellas.
Además, los ácidos linoleico y linolénico son vitales. Su carencia genera enfermedades del sistema nervioso, inmune, cardiovascular, etc. Presentes en pescado, frutos y aceites vegetales.

Glúcidos:
Los carbohidratos, por su parte, también aportan energía, 4 kcal por gramo. Al producir desechos “limpios”, son la principal fuente energética para el cerebro y sistema nervioso. Incluyen alimentos como avena, arroz integral o patatas.
El glúcido que supone la fuente de energía principal en la dieta es la glucosa, seguido de la  sacarosa, fructosa y galactosa. Estos se extraen de los carbohidratos esenciales;
El almidón y los azúcares, formados por glucosa, entre otros. Aportan energía al descomponerse en sus monosacáridos durante la digestión. 
La fibra, aunque no se digiere, es importante para favorecer el estado de la flora intestinal, contribuyendo a una buena digestión.

Proteínas:
Las proteínas, por último, no son responsables en la producción de energía, pero tienen función metabólica y reguladora entre otras muchas. Algunos alimentos altos en proteína son el pollo, huevo o lentejas. Las proteínas son vitales por varios motivos:
  • Las proteínas son vitales en el mantenimiento y/o ganancia de la masa muscular. 
  • Son esenciales para la protección frente a antígenos, ya que las proteínas forman los anticuerpos como las inmunoglobulinas.
  • Las enzimas regulan todas las funciones bioquímicas de la fisiología, (metabolismo, digestión, etc.)
  • Las hormonas forman parte de los sistemas de coordinación endocrinos. Además de tomar parte en los procesos de eliminación de desechos, intervienen en la reparación de tejidos.
Es importante que la dieta se ajuste a las calorías necesarias para llevar a cabo cada función biológica. Un estudio de la facultad clínica de la universidad de navarra, propone la siguiente proporción de ingesta de nutrientes:
Entre un 50 y 60% de glúcidos (CH), un 30-40% de lípidos (grasas) y un 10-20% de proteínas. 
En cuanto a la dieta media de los españoles, ingerimos aproximadamente un 40% de glúcidos, un 39% de lípidos y un 19% de proteínas. Realmente no está tan lejos de las proporciones recomendadas, sin embargo, ingerimos un 17% de calorías más de las recomendadas y abusamos de alimentos de origen animal. Es vital tener control de lo que comemos para evitar derivar en problemas de obesidad o desnutrición.

Déficits y excesos:
La desnutrición puede ser provocada por déficits extremos de nutrientes. Durante el déficit se gastan más calorías de las que se ingieren. El cuerpo necesita más energía de la que obtiene y empieza buscarla en sus reservas, provocando una pérdida de peso. Si el déficit ocurre de manera controlada tiene varios beneficios para el metabolismo y digestión. Ya que la pérdida de peso mejora los niveles de colesterol y reduce la presión arterial. De esa forma se previenen enfermedades cardiacas y crónicas.
Sacada de "Déficit energético y consumo de carbohidratos para perder grasa"
 por Neolife blog (14-6-2024)

La obesidad, por otro lado, es provocada por exceso descontrolado de nutrientes, también conocido como superávit. El exceso es justamente lo contrario al déficit y ocurre cuando se ingieren más calorías de las que se queman. Haciendo que se acumule energía en forma de calorías y se aumente de peso.
La ingesta excesiva de nutrientes tiene varios aspectos negativos. Puede derivar en problemas digestivos o condiciones crónicas, como la diabetes o dispepsia, causando malestares gastrointestinales. También puede suponer un riesgo para personas con problemas cardiovasculares y producir problemas si no los tienen.
Sin embargo, el superávit puntual, es necesario para ganar masa muscular y proporcionar energía para diferentes procesos biológicos. Además, ayuda a mantener un mejor estado metabólico y hormonal, debido a que evita que déficits afecten a la producción de, por ejemplo, testosterona o la hormona tiroidea. Por no mencionar que tener una buena reserva energética mejora el rendimiento y la recuperación al hacer deporte.
Aitana N y MartinaS

Referencias:

Alimentos ricos en proteínas. Clínica Universidad de Navarra. 

https://www.cun.es/chequeos-salud/vida-sana/nutricion/alimentos-ricos-proteinas

Bea Nutrición (2025) Superávit Calórico. The Fuel Place.

https://thefuelplace.com/blogs/education/superavit-calorico?srsltid=AfmBOor58MPmPXAeWsRCRvY-Jvf3zyZDzJXZgLoWg7hkaNldJoBJ0q1k

Dra Nerea Gil (2025) 10 alimentos con proteínas para una buena alimentación. Canal Salud IMQhttps://canalsalud.imq.es/blog/alimentos-con-proteinas

Hidratos de carbono o glúcidos. Clínica Universidad de Navarra.

https://www.cun.es/chequeos-salud/vida-sana/nutricion/hidratos-carbono

Jorge Laborda (2025) Necesidades diarias de lípidos. Cienciaes
La composición de los alimentos: Hidratos de carbono. UNED 

La dieta equilibrada. Clínica Universidad de Navarra.

https://www.cun.es/chequeos-salud/vida-sana/nutricion/dieta-equilibrada

Lípidos y grasas en la dieta. Clínica Universidad de Navarra.

Mayte Martínez. (2025). Que es el déficit calórico y cuales son sus beneficios para el entrenamiento. Esquire.

https://www.esquire.com/es/cuidados-hombre/a64484868/deficit-calorico-hombre-dieta-beneficios-entrenamiento-resultados/

Pepe. (2025). Deficiencias nutricionales. Unilabs Carebig.

https://www.unilabs.es/blog/patologias-sintomas/deficiencias-nutricionales/

Agentes Infecciosos Acelulares (Nora A y Ainara B)

Los agentes acelulares son entidades entre lo vivo y lo inerte, incapaces de realizar funciones vitales sin infectar células. Incluyen virus...